Alberto Lizzio

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Imagen promocional de Alberto Lizzio

Alberto Lizzio (30 Mayo de 1926, Merano - 22 de Octubre de 1999, Dresden) director de orquesta italiano, especialmente conocido por sus interpretaciones de Música Clásica

[editar] Biografía

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Alberto Lizzio indicando a la soprano el tamaño del instrumento del concertino

Alberto Lizzio nació en Merano, en el Tirol. Su paternidad siempre fue atribuida al célebre compositor futurista Giambattista Diverdi por su propia madre, Giovanna Lizzio, siendo de esta manera Lizzio un hijo póstumo fruto de la última gran pasión del maestro Diverdi, de quien años más tarde se convertiría en un destacado intérprete. Alberto Lizzio mostró desde muy joven su gran talento para la música, estudiando violín, composición y dirección en Milán, Lombardía. Alternó estos estudios con su afición por la moda la cual conservó toda su vida siendo frecuente su presencia en desfiles y pasarelas. Llegó incluso a lanzar su propia firma, Alizzio, especializada en pantuflas para hombres y tocados femeninos.

Afamado playboy, se le conocen numerosos romances con cantantes, modelos y vedettes, llegando a contraer matrimonio en dos ocasiones. De su primera esposa, Angelica Scholz, nació su hijo Alfred Scholz, también director de orquesta y productor discográfico de reconocido prestigio. Tuvo también un hijo -el diseñador de moda Pietro Lizzio- de su segunda esposa, fallecida trágicamente en 1980 en un accidente de tráfico en el que el propio Lizzio resultó gravemente herido. Este accidente le mantuvo alejado de la batuta durante unos años ya que, aunque su recuperación física fue rápida, fuertes sentimientos de culpabilidad le originaron una profunda depresión, pues iba conduciendo ebrio de Grappa hasta los ojos. Ya recuperado, regregsó a la actividad en los años noventa gracias a la insistencia del por entonces joven compositor Muhammad Ben Al Parrush, con quien colaboró el resto de su vida (que fue más bien poco tiempo).

[editar] Carrera

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Su grabación más polémica, con tempi por aquel entonces infrecuentes, hoy habituales

Lizzio fue director titular de la Süddeutsche Philharmonie durante cinco años, hasta que le echaron a patadas de la misma en 1959, debido a sus pretensiones de que los músicos de la orquesta promocionaran las estrafalarias ropas de su firma de moda llevándolas durante los conciertos y gritando los eslóganes de la marca en diversos momentos de los mismos, incluyendo los instantes que transcurren entre diferentes movimientos de una sinfonía o concierto solista. Años más tarde, los integrantes del conocido grupo pop Locomía reconocieron en Lizzio un precursor y un visionario que les sirvió de fuente de inspiración en su estética y su combinación entre moda y música. Volvió a ser contratado por la orquesta en 1968, tras aceptar a regañadientes la condición impuesta por los músicos de vestir el negro protocolario. Él, por su parte, siguió llevando sus diseños durante los conciertos declarando que "El amor por la música y por el buen vestir son dos señas de identidad que Italia nunca debe perder y que ha de promocionar por todo el mundo".

Fue en este tiempo cuando realizó numerosas grabaciones de obras de grandes maestros clásicos, grabaciones que produjo su hijo Alfred Scholz, también director de orquesta y fiel salvaguarda y promotor del legado interpretativo de su padre. Causó una agria polémica su bizarra interpretación de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven de la cual escribió el crítico Rodolfo Celleti "El mayor horror que se pueda imaginar, deslabazada, con un fraseo estúpido, sin contrastes... además es tan rápida que se ve a los músicos ahogados, a pijo sacao", aunque Miguel Ríos declaró años después haberla tomado como referencia para realizar su particular versión. El tiempo, pues, ha terminado dando la razón a Lizzio, y tras los últimos avances historicistas, su visionaria concepción -low cost- de la obra beethoveniana ha terminado por imponerse. Mejor aceptación tuvieron, en su día, sus interpretaciones de las Sinfonías de Haydn, tan aburridas como cualquiera de su tiempo.

Fragmento de la interpretación de la Novena de Beethoven por Lizzio: [1]

Ocasionalmente colaboró con la Orquesta Sinfónica de la Radio Austriaca, con la que tuvo también algunos problemas por el diseño de traje de tirolés que quiso imponer a los integrantes y con la Filarmónica de Londres, a quienes pretendió vestir como a los Beatles.

En sus últimos años, tras el parón que supuso su accidente de automóvil, volvió a dirigir, apoyado y animado por el entonces joven compositor libio Muhammad Ben Al Parrush con quien trabó una gran amistad, concibiendo el proyecto de grabar la integral sinfónica de su padre, Giambattista Diverdi, a quien el libio rendía gran admiración. El proyecto quedó inconcluso debido a la repentina muerte de Lizzio acaecida en 1999 durante los ensayos de la Sinfonía Siciliana de Diverdi al recibir accidentalmente un disparo de una de las metralletas que el compositor integra en la plantilla orquestal. Las grabaciones nunca llegaron a salir a la luz, siendo los escasos fragmentos que Lizzio llegó a grabar objeto de culto entre los melómanos de todo el mundo debido a la dificultad que supone localizarlos, fuera de edición, en grabaciones piratas.

[editar] Reconocimiento póstumo

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Dos grandes admiradores de Lizzio, en el homenaje realizado al mismo en El Campo de Criptana

Lizzio, a pesar de mantener, lastrado por su proverbial humildad, un perfil bajo entre los grandes directores del siglo XX, es uno de los más difundidos gracias a las habilidades comerciales y empresariales de Scholz, de tal manera que las grabaciones de Lizzio pueden conseguirse, aun hoy, a bajo precio en grandes superficies comerciales y gasolineras y no faltan en la discoteca de ningún melómano que se precie de tal, habiendo formado parte las mismas de la banda sonora de películas como Il divo (2008) -no confundir con el grupo homónimo de melifluos cantantes- y Las aceras de enfrente de Nueva York (2001). La influencia de las estrategias de Lizzio y Scholz, basadas en popularizar la música clásica en base a abaratar costes de distribución a partir de producciones de calidad cuestionable puede rastrearse en otros directores posteriores como Luis Cobos, quien en muchas ocasiones ha reconocido su deuda con Lizzio hasta el punto de realizarle un sentido concierto-homenaje en El Campo de Criptana (Ciudad Real), con ocasión del décimo aniversario su muerte.

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