Blancanieves y los siete enanitos (película)

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Blancanieves y los siete enanitos
Blancanieves y los siete disminuidos verticales
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Por esto, niños, es que no hay que casarse entre primos
Ficha técnica
Dirección Unos negros de la Disney
Producción Walt Disney
Intérpretes El abuelo del que hace Tyrion Lannister
Guión Mas negros de la Disney
Música Todo el rato cantan canciones
Fecha de estreno Justo antes de que Adolfo invadiera Polonia.
Género Terror infantil.
Calificación Incalificable.
Premios Muchos, pero muy pequeños.

Snow White and the Seven Dwarfs (conocida como Blancanieves y los siete enanitos en España y Blanca Nievez y los ciete enanoz en Hispanoamérica), es el primer largometraje de animación realizado por el taller de esclavos de Walt Disney. Se estrenó en los locos años treinta. La película es una edulcorada y ñoña adaptación del cuento de terror homónimo que los hermanos Grimm publicaron en 1812, una historia profundamente arraigada en las tradiciones que condujeron al nacionalsocialismo.

[editar] Argumento

El argumento de la adaptación de Disney está aparentemente muy suavizado respecto al sádico relato original, no obstante, como marca de la casa de estos estudios, esconde un montón de perversión implícita para así moldear los blandos y dúctiles cerebros infantiles.

Érase que se era un reino en el cual reinaba y gobernaba una reina que tenía una fijación enfermiza y obsesiva por su imagen. Estaba empeñada en ser la más bella de sus dominios y aspectos como la administración de la hacienda, la economía, la educación, la sanidad, las infraestructuras y las telecomunicaciones del reino parecían importarle un carajo. Y sus súbditos analfabetos, que pasaban cruentas penalidades, eran tan imbéciles e ignorantes que no solo no se revelaban contra ella sino que le mostraban su adhesión incondicional, de lo que puede concluirse que, en ese reino, todos eran muy, muy felices.

¿Pero era plena la felicidad del reino? Pues no, no lo era. Ya que la reina preguntaba todos los días a su espejo mágico, ya es ser plasta, si ella era la más hermosa del reino. Si el espíritu que habitaba el espejo hubiera sido menos celoso en el cumplimiento de su deber le hubiera contado a la reina lo que quería oir y ella se hubiera quedado tranquila, pero no: el muy recalcitrante se empeñaba en decirle que ella no era la más hermosa, sino que en su lugar lo era la princesa, ante lo cual la reina, por puro resentimiento, mandaba a la princesa a fregar.

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Blancanieves sabía buscarse las simpatías de sus pequeños anfitriones

Esta princesa, conocida por Blancanieves[1], era una preadolescente más cursi que un repollo con lazo que tenía el extraño poder de que cada vez que cantaba todos los pájaros, pequeños -y no tan pequeños- mamíferos y demás bestezuelas iban a posársele encima. Cuando los bichos atraídos eran ardillas y gorriones la cosa quedaba de lo más cuqui, pero en algunas ocasiones en que se le pusieron encima osos y grandes rapaces hubo de ser socorrida por el consiguiente riesgo de asfixia. También atraía a un muchacho que tenía la costumbre de vestir en mallas y caminar de manera muy afectada al cual, sonrojada, hacía la cobra de manera un tanto melindrosa.

En estas que estamos un día a la reina ya se le inflaron las bolas y ordenó a un sicario que tenía a sueldo acabar con la repelente niñata. De esta manera, el sicario se la llevó al bosque y cuando ésta estaba retozando allí cual teletubbie fue a cumplir el encargo. Pero resulta que al hombre le dio como cosa y le dijo a la chiquilla que se perdiera y, para convencer a la reina de que la había matado, le llevó el corazón de un jabalí. Que qué culpa tendría el pobre puerco y qué pocas luces la reina, pues confundir el corazón de una bestia de 600 kgs con el de una niña de unos 11 años tiene delito.

Es así como, guiada por los animales que se le iban posando encima, Blancanieves llega a una casita en el corazón del bosque. La casita pertenecía a una antigua familia de mineros que habían adoptado un estilo de vida amish y deliberadamente se habían aislado del mundo. Sus antepasados, hace unas cuantas generaciones, eran individuos de complexión atlética y cuerpos bien torneados, pero la salvaje endogamia que practicaban había hecho que los siete únicos supervivientes de dicha familia en el momento en que les visitó Blancanieves fueran acondroplásicos y que uno de ellos, además, sufriera de hipogonadismo (razón por la que no le crecía la barba) y de un cierto retraso mental, que incluso le impedía el habla. Hacía algunas décadas que habían fallecido las últimas hembras de la familia, y los enanitos supervivientes -como les llamaba Blancanieves de manera un tanto vejatoria-, que tenían unos roles sexistas muy marcados en el reparto de las tareas, se apañaban como podían, o lo que es lo mismo, se apañaban mal: tenían la casa hecha un desastre, con una cuarta de polvo y llena de mierda en general al punto que ni recordaban la última vez que alguien había limpiado el aseo. Igualmente en el plano sexual iban faltos y alguno de ellos llegaría a confesar delante de Blancanieves habérselo montado con una mofeta. Pero no adelantemos acontecimientos. Estos enanitos se pasaban el día trabajando de sol a sol en una mina cercana rica en piedras preciosas y, como eran un tanto lerdos, en lugar de traficar con los magníficos productos que obtenían, los metían en un armario y ahí los dejaban, llevando por demás una existencia miserable como todos en el reino. La reina por supuesto era consciente de este hecho, pero ya hemos dicho que la administración del país, así como la explotación de los recursos naturales de que este gozaba en beneficio de los habitantes de la nación, no era ni su fuerte ni tan siquiera asunto de su interés.

Volviendo a nuestra historia, los enanitos aceptaron a Blancanieves en su pequeña comunidad y ésta se adjudicó de manera automática las tareas domésticas para las cuales ellos eran manifiestamente inútiles -en realidad no las hacía, pues había engatusado a los animales del bosque para que las hicieran en su lugar, por lo que se pasaba la mitad del día tocándose el potorro-. Igualmente, de puro asco que le producían, impuso a los enanos una férrea aunque necesaria disciplina en lo referente a la higiene corporal, pues ellos eran de natural un tanto puercos y usaban con poca asiduidad de agua y jabón. La organización jerárquica interna de los enanitos se resintió pronto por la presencia de Blancanieves de manera similar a lo que ocurrió con los Beatles con la presencia de Yoko Ono; el liderazgo del contemporizador pero sin embargo pusilánime Sabio se vió cuestionado pronto por el contestatario Gruñón, quien en principio parecía mostrarse reticente a los cambios que Blancanieves tiránicamente implantaba en la vida de los enanitos pero esto solo era por la evidente tensión sexual presente entre ésta y él. Tensión sexual, por supuesto, no resuelta.

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El aspecto de la vieja bruja está inspirado en el que tenía en sus últimos años del gran compositor Franz Liszt

En estas que la narcisista y cansina reina vuelve a preguntar al ectoplasma que habita en el espejo que quién es la más hermosa y el espejo no solo le dice que Blancanieves, sino que el muy chivato le da las coordenadas precisas de dónde se encuentra ésta haciendo especial hincapié en que los enanitos son quienes la encubren, pues se ve que por lo que fuera les tenía cierta inquina. La reina entonces nos revela su segunda mayor afición tras mirarse al espejo: la nigromancia. Baja a un laboratorio apestoso que se tiene montado en las mazmorras del castillo y allí prepara una manzana envenenada que producirá el sueño eterno en Blancanieves. Comprueba por si acaso que haya un antídoto, y aunque ve que lo hay, la muy chapucera pasa un tanto del tema. Después realiza una inexplicable estupidez en alguien que en principio está tan obsesionado con su imagen: para hacer llegar el veneno a Blancanieves, quitársela de en medio y así ser la más bella se transforma en una vieja ajada, arrugada y verrugosa (!?) y esta vez sin mirar si hay antídoto para la pócima que se ha aplicado a tal efecto.

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Uno de los puntazos cómicos de la película: "¡Ahora soy la más hermosa del reino!"

Total que cuando un día los enanitos estaban dando satisfacción a su tan poco productiva adicción al trabajo, la reina transmutada en vieja se plantó donde Blancanieves y logró convencerla de que si ingería a la manzana envenenada el cretino de las mallas caería en el acto rendido a sus pies, con lo que quien cayó inánime al suelo fue la propia Blancanieves al verse intoxicada por el maleficio. Los enanos, ahora alertados por las bestias del bosque persiguieron con la faz torva y los ojos inyectados en sangre a la vieja hasta que ésta se despeñó por un precipicio para regocijo de dos buitres que por allí pasaban y que se dispusieron a disfrutar del exiguo festín que podía ofrecerles ese decrépito cuerpo todo huesos y pellejo.

En los meses siguientes el reino se vio sumido en un vacío de poder. Vacío de poder que nadie notó, pues al fin y al cabo la reina bruja era menos animosa si cabe que Rajoy, y cuando vivía, aparte de mirarse al espejo y preparar sus ponzoñosos ungüentos y bebedizos no hacía nada de particular. Los enanitos por su parte colocaron el cuerpo de Blancanieves en una urna para poder contemplarla, masturbarse y adorarla como si fuera Lenin o Juan XXIII. En éstas estaban cuando llegó el maromo de las mallas quien no pudo reprimir sus ansias necrófilas y ante el pasmo general se dirigió a violar lo que creía un cadáver. Grande fue su decepción cuando al primer morreo que le plantó -ese era el antídoto que había despreciado la bruja- la que creía muerta volvió a la vida y vio que había de cargar con ella. El disgusto se le pasó en cuanto Blancanieves le dijo que irían juntos a reclamar para ellos el reino. Y así, despidiéndose con una indiferente frialdad de los entregados enanitos y sin tan siquiera invitarles a la próxima boda, o aunque fuera a unos lacasitos, se dirigieron al castillo donde fueron felices para siempre.

¿Para siempre? En realidad no. Blancanieves pronto se hartó del enmallao, quien tenía poca cultura, menos conversación que un corcho, todavía menos carácter amén de que, como ya expusimos, era un tanto rarito. Así que se hizo con el libro de recetas de la antigua reina y le facilitó una mortífera infusión para la que sí que no había antídoto posible. Acto seguido ordenó a la guardia real pasar a sangre y fuego a los enanitos, se hizo con los diamantes que éstos guardaban en el armario y se piró al Caribe a pegarse la gran vida dejando el reino y a los pringaos de sus habitantes en la peor de las ruinas. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

[editar] Banda sonora

Con muchas canciones. Los animales cantan, Blancanieves canta, los enanitos cantan y bailan, el enmallao canta... menos la reina mala, casi todos se pasan todo el rato cantando y bailando.

[editar] Recepción

Si bien en un primer momento los plumillas y periodistuchos de la época se mofaban del proyecto aduciendo que nadie en sus cabales pensaría que a un niño le placería contemplar depravadas historias en las que aparecieran viejas alcahuetas, sórdidas deformidades y mugrientos animalejos, esta predicción, como tantas otras hechas por la crítica, resultó ser completamente falsa. La película constituyó un gran éxito, ha pervertido a generaciones de niños y también fue muy del agrado de Adolf Hitler quien se identificaba con el personaje protagonista. Ganó un Oscar grande de la academia y siete pequeños, para hacer mofa de los siete enanos, aunque estos últimos no computan y solo sirven para coger polvo en la vitrina. Fue el primer largometraje de Walt Disney y el hecho de que a partir de aquí produjese muchos mas, algunos de los cuales son babosadas infumables, es por culpa del éxito que tuvo este primero. Contrariamente a lo que a menudo se afirma, no es el primer largometraje de animación de la historia del cine, pero como el primero es una película hecha en Argentina pues suele no tenerse en cuenta. Así que Blancanieves y los siete enanitos eclipsa a sus predecesores, no debido a sus innovaciones técnicas y artísticas que no se vería otra cosa similar hasta la producción de Avatar, esa de los bichos azules, sino a estar producida bajo el auspicio del Imperio del Tío Sam.

[editar] Heigh Ho, Heigh Ho, es hora de leer

[editar] Notas

  1. Su padre decidió nombrarla así por su mayor afición: la cocaína, de la cual estaban impregnadas todas las superficies lisas de su palacio
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