Cosas que te llevarías a una isla desierta

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Botella Movil.jpg

Si te vas a una isla desierta olvídate del móvil. Este será tu nuevo sistema de comunicación.

Cita3.pngPues yo me llevaría a mi mismo. No necesito más. Bueno, en realidad me llevaría un caja de clipsCita4.png
McGyver sobre su obsesión con los clips
Cita3.png¡Hijos de puta! ¡No vengáis a mi isla desierta que como me encuentre Jomeini me la cargo!Cita4.png
Salman Rushdie sobre su intimidad
Cita3.png¡Una galleta desde luego que no! ¡Condonleezza, dile a estos de la Inciclopedia que me dejen en paz, que no paran de preguntarme cosas raras!Cita4.png
George Bush sobre su galletofobia
Cita3.pngLa regla de oro es que las islas desiertas nunca están desiertas del todoCita4.png
Daniel Defoe sobre su manía de tergiversar la realidad

Desde los albores del despertar de la conciencia humana el hombre se ha planteado dos cuestiones que no han podido resolverse aun después de más de cinco millones de evolución hominida. Cuestiones que ni la religión o la ciencia se han atrevido a escudriñar. Detrás de la respuesta se encuentra la locura, la desesperación y esos temblores que te entran cuando te acercas demasiado a una estación eléctrica.

  • La primera es; ¿Por qué mi mujer no es una ninfómana-muda-insaciable? o ¿Por qué mi marido no es un tío comprensivo que aguante más de un minuto?
  • La segunda es; ¿Que cosas me llevaría a una isla desierta?

[editar] Orígenes

Hace 1337 millones de años, la primera célula eucariótica estaba tomando un baño de sol en un caldo de cultivo. Cuando para su sorpresa se dividió en dos de forma espontánea. No contenta con la situación de tener compañía empezó a interrogarse a si mismo. Al cabo de una hora salió a la luz la espinosa cuestión:

Bombanuclear FatMan.jpg

Todo el mundo coincide en llevarse un recuerdo de la civilización.

—Célula Eucariota I: Dime, yo, ¿qué te llevarías a un blastocito desierto?
—Célula Eucariota II: Pues no sé. La verdad es que es una pregunta que nunca me he hecho.
—Célula Eucariota I: Vale, pero si tuvieras que decidirlo aquí y ahora, ¿qué es lo que dirías?
—Célula Eucariota II: Dejame pensar, tal vez un condón reutilizable, ya sabes, de esos que les das la vuelta y te sirven para otra vez.
—Célula Eucariota I: ¡Pero por el Caldo de Cultivo Primigenio! ¿Qué clase de respuesta enfermiza es esa?

Tras lo cual la célula siguió y siguió dividiéndose para encontrar a alguien que diese la respuesta que satisficiera su pequeña mitocondría. Este proceso duró millones de años o tal vez seis días (el estado de Utah nos obliga a poner las tesis creacionistas). Tras muchas mutaciones o el dedo divino de Dios se llegó al mono. Del mono se pasó al delfín y del delfín al humano moderno (y del humano al delfín otra vez, pero no viene al caso).

El humano moderno se pasó los primeros años de su existencia luchando contra dinosaurios y algunos ángeles destructores. Pero apareció la cultura griega para desgracia de los cibermapaches. Cuenta Platón en su obra Apología de Sócrates que Sócrates fue el primero que se formulo esa pregunta. A continuación un extracto:

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El filósofo escocés Duns Scoto pillado en el momento en que pensaba en la cuestión por antonomasia. O tal vez le estuviera mandando un besito a alguien.

—Sócrates - Mi querido y sensual alumno, ¿qué te llevarias a una isla desierta?
—Platón - Pues no sé Maestro. Tal vez como el ser humano no es autónomo me llevaría herramientas para el cultivo y la caza.
—Sócrates - ¡MAL!
—Platón - Er, pues, entonces me llevaría papiros para alimentarme con la cultura.
—Sócrates - ¿Pero se puede saber quién te ha enseñado esas tonterías? ¡Como todo el mundo sabe uno se debería llevar a Alcibíades!
—Platón - ¿Para qué me ayudara a sobrevivir?
—Sócrates - Tu eres muy tonto.
—Platón - ¡Maestro! Es usted muy duro conmigo.

Aproximadamente en el año 1837, Napoleón se hallaba leyendo una obra de Duns Escoto cuando se dio cuenta de que vivía en una isla desierta. Por lo cual se preguntó; «¿Qué me llevaría yo a un continente poblado?» Al no hayar una respuesta convincente decidió emborracharse a base de vino tinto para olvidar el tema.

Pero por fin a partir del siglo XIX, la gente ociosa empezó a fumar crack y a divagar sobre temas interesantes. El primero que se lo planteó de una forma seria y desde un punto de vista académico fue John Jacobus Simplius, vigésimo cuarto duque de Volleyball, en su obra "Látigo liso o de punta hueca: Estudio del sadomasoquismo victoriano desde una perspectiva totalmente diferente". En su capítulo CXVIQ recoge lo siguiente; «Y por esta razón concluyo que los topos son los mejores animales para ser introducidos en los anos. Pero ante la pregunta de ¿qué me llevaría a una isla desierta? Pues no lo sé ni me importa, pero lo que está claro es que me favorece la ropa de colegiala».

Hoy en día esta pregunta filosófica, que podría desvelar los entresijos del Sentido de la Vida, está vetada en los círculos académicos y sólo los sabios en lo paranormal se atreven a discurrir sobre el tema libremente. Eso sí, después de tomarse unas copitas de anís.

[editar] Causas y cosas que te podrías llevar

Cuando una persona se plantea en su vida un cambio tan radical como es el de mudarse a una isla desierta puede ser por varias causas. Las más comunes suelen ser por el conocido como el síndrome del ermitaño. Ésta enfermedad se caracteriza por un odio por la civilización y un apego casi inmoral por el anarcoprimitivismo. Los individuos aquejados por este mal suelen llevar consigo materiales creados según la tecnología del neolítico como piedras afiladas, agujas realizadas con huesos de animales y todo ese tipo de cosas que vemos en los museos.

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Piensa bien lo que se va a llevar porque quizás se convierta en tu mejor amigo.

Pero no hay que ser un radical para caer en la tentación de vivir en una isla desierta. Alguien perseguido por el fisco, una persona amenazada por un grupo de foreros aficionados a Naruto o incluso algún famoso que ha recibido la iluminación para buscar vida extraterrestre en los puntos más recónditos del planeta son buenos aspirantes. Cada uno por supuesto, y según su idiosincrasia, elegiría objetos afines a su forma de ser.

[editar] Cosas elementales

  • Doce muñecas hinchables - No te preguntes el porqué de llevarte semejante objeto. Sólo piensa ¿Y por qúe no?
  • Al gordo de Lost - Te lo puedes comer si le coges asco a los cocos.
  • Un recoge plátanos - Guybrush Threepwood recomienda este objeto, sus experiencias en Monkey Island le avalan.
  • Bronceador - No desperdicies tu tiempo haciendo una cabaña.
  • La colección de Playboy que guardas debajo de tu cama - Por si no hay monos cerca.
  • Un iPod - Pero ten cuidado, deberás desconectar el microchip de localización que los de Apple incluyen en todos sus productos para enviarte spam de iTunes.
  • Un buen libro - ¿Y sino con qué piensas que te vas a limpiar el culo?
  • Desodorante - ¡Por fin! La dictadura de la pituitaria termina donde no puede llegar el infame Calvin Klein y sus anuncios de mierda.

[editar] Cosas que no te debes de llevar bajo ningún concepto

  • Tu suegra[1]
  • Un coco - A donde vas no necesitarás cocos. ¡Pero si un abrecocos!
  • Una navaja suiza - Este objeto sólo funciona en la ficción.

[editar] Referencias, ¿algunas tenían que haber, no?

  1. Pero puede ser que seas sadomasoquista y quieras llevártela.

[editar] Artículos relacionados

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