Este artículo está en construcción. Su autor puede estar en la hora del almuerzo o habérsele cansado el brazo de tanta manuela. ¡Si eres el editor (o estás aburrido), termínalo ya!
Una vez un inciclopedista me contó un chiste sobre Chuck Norris pensando que era gracioso... Me comí su hígado con habas y un buen Chianti.
— Hannibal Lecter sobre los clichés inciclopédicos.
Caramba, se comió mis riñones, pero daba gusto verle comer ¡Qué educación!.
— Un paciente sobre cómo usa Hannibal la servilleta.
Quid pro quo, Clarice. Yo te enseño lo mío y tú me muestras las tuyas...
— Hannibal Lecter chateando por webcam con Clarice Starling.
El Dr. Hannibal Lecter (alias "Hannibal el Caníbal" y "El rapero de Chesapeake") es un destacado psiquiatra y chef internacional, famoso por interpretar a Anthony Hopkins en el musical El Silencio de los Corderos. Actualmente es el criminal más buscado del mundo, pero a pesar de la jugosa recompensa por su captura, nadie se atreve a acercársele, y mucho menos a denunciarle con las autoridades incompetentes.
Hannibal vivía feliz en el castillo de la familia Lecter en Lituania, donde su madre lo disfrazaba de mujer y su padre alcohólico le brindaba amorosas palizas que lo dejaban medio muerto. Un día sus padres murieron durante una lluvia de aviones y los nazis se comieron a su hermanita Mischa. Entonces, antes de darse cuenta, acabó en un orfanato (que era el mismo castillo Lecter, ahora convertido en orfanato por los rusos), donde terminaba constantemente con la cabeza en el inodoro a manos de los demás huérfanos. Para evitar que su historia se volviera un plagio de Oliver Twist, Hannibal huyó del Bloque del Este (lo cual era tan fácil que hasta un niño de 11 años lo podía hacer) y terminó en París, en casa de una MILF china que se creía japonesa y que además era su tía... o sea, estaba casada con su fallecido tío, un pintor demente. Lady Murasaki, que así se llamaba la china japonesa, le enseñó a Hannibal las típicas cosas que los maestros orientales enseñan a los blanquitos, como el honor, el culto a los antepasados, el uso de la katana y a cómo preparar arreglos florales.
Un día mientras compraban cosas en el mercado, un carnicero racista, que había colaborado con los nazis durante la Ocupación, se burló de la cara de china de Lady Murasaki en frente de Hannibal. Como los lituanos no tienen sentido del humor, Hannibal rastreó al carnicero mientras pescaba, le exigió una disculpa y, ante la negativa de éste, aplicó el método Tarantino y lo descuartizó con su katana. Hannibal fue acusado del homicidio y llevado a la comisaría. Tras el interrogatorio, el inspector Popil de la policía francesa llegó a una sola conclusión: "Es un monstruo". Acto seguido, lo dejó libre.
Hannibal ingresó en la Escuela de Medicina. Allí se hizo amigo del Jefe de Radiofarmacia, quien le regaló un suero de la verdad. Hannibal se inyectó el suero con el propósito de recordar lo que pasó la noche (o el día, ni siquiera de eso estaba seguro) en que las SS se comieron a su hermana. Mediante el flashback provocado por el suero, Hannibal pudo recordar la causa de su amnesia y lo que todo el mundo ya suponía: él mismo le dió una probadita al cadáver de Mischa para no morirse de hambre mientras estaba encerrado en el castillo Lecter con los nazis. También pudo recordar que en el castillo estaban ocultas las identificaciones de los susodichos nazis, así que volvió a cruzar la Cortina de Hierro y llegó a su natal Lituania, desenterró las identificaciones y de paso se reencontró con uno de los asesinos. Tras una amistosa charla en la que recordaron viejos tiempos, Hannibal pudo averiguar la ubicación de los demás nazis.
Pues da la casualidad de que éstos se encontraban justamente en Francia, en París para más remate, así que Hannibal entró en modo Simon Wiesenthal/Punisher, asesinándolos a todos de maneras cada cual más bizarra que la anterior. Como sabía que la policía no entendería sus métodos poco ortodoxos de aplicar justicia contra criminales de guerra, Lecter hizo estallar un barco para fingir su muerte, y luego huyó a los Estados Unidos para trabajar en el Hospital Johns Hopkins de Baltimora.
Así es. Un peligroso asesino y terrorista requerido por las autoridades francesas logró ingresar a los EE.UU. y ser admitido en el hospital universitario más prestigioso del mundo sin problemas y sin tener que cambiarse el nombre o disfrazarse. Con razón ocurrió lo del 11-S.