Incilibros/Caperucita blanca

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Un buen día, la madre de Caperucita Blanca decidió hornear una deliciosa repostería[1] y enviarla con su amada hija. La niña, obediente a los deseos y órdenes de sus padres[2] accedió gustosa a ir a visitar a su querida abuela. Subió a su ordenado cuarto y buscó su caperuza blanca, se la colocó sobre su rubiecita cabeza y bajó a tomar la canasta de pastelillos humeantes.

La madre le aconsejó no distraerse con extraños por el camino y siempre ir por los lugares más correctos evitando los oscuros caminos del bosque donde sólo habitan alimañas. La niña la escuchó atenta y dijo sí a todas las indicaciones de su amorosa madre. Luego, con un beso lleno de ternura maternal[3] se despidió prometiendo volver pronto a casa.

Se dirige pues la pequeñuela cantando y danzando por el camino. Las nubes del cielo la contemplan y las graciosas flores que adornan el sendero hacen coro de sus canciones.

Un viejo, torvo y abyecto lobo de color negro[4] escuchó la cristalina voz de la niña y, viendo que llevaba más de una semana sin comer, quiso robarle sus pastelillos.[5]

El lobo perverso mudó su rostro para que, en lugar de reflejar sus malvadas intenciones, denotara hambre y desamparo, y moviera a la pequeña a sentir lástima de él. En una curva del camino, el viejo animal se sentó, y cuando Caperucita (que era la bondad hecha niña) vio al animal tirado a la vera, sintió compasión y acercándose hasta él le preguntó el porqué de su rostro mísero. El animal despiadado consiguió lo que quería, pues la niña sacó un delicioso pastelillo de canela y se lo ofreció advirtiéndole de que no le daría más pues debía llevárselos a su abuelita convaleciente. Después de esto, la niña se marchó cantando y danzando.

El lobo, que sabe Dios por qué, conocía la casa de la abuela de Caperucita, se adelantó por un atajo y llegó primero, tocó la puerta y la abuela le abrió. Entonces el lobo la tomó por los brazos y la escondió en el baño de la casa[6] y se acomodó en la cama de la abuela de Caperucita[7] esperando que llegara ésta y la deliciosa canasta de pasteles horneados.

Caperucita entró y viendo que en la cama de la Abuela estaba el viejo lobo del camino, y siendo una niña tan inteligente, descubrió sus perversas intenciones, pero a fin de evitar posteriores actos de violencia decidió hacerse la desentendida y seguir el juego del lobo[8]. Entonces se acercó a la habitación, colocó la canasta en la mesita de noche y le dijo al Lobo:

  • -Abuelita, ¡qué ojos tan grandes tienes!
  • -Son para verte mejor -respondió el truhán-.
  • -Abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes! -Insistió la niña-.
  • -Son para escucharte mejor -Mintió el perverso animal-.
  • -Abuelita, ¡qué manos tan grandes tienes! -Dijo nuevamente la pequeñuela-.
  • -Son para poder tomar las cosas [9] -Aseguró el lobo-.
  • -¡Y qué boca tan grande tienes! -Remató Caperucita Blanca-.
  • -Es para comerme los pastelitos mejor[10]¡así que dame estos pasteles de una vez, niña! -Gritó el lobo feroz-.

Pero lo cierto del caso es que mientras este diálogo tenía lugar, Caperucita, que tenía un moderno celular, envió un mensaje de texto a su madre contándole lo que sucedía y ésta llamó al 911, y justo cuando el Lobo estaba dispuesto a devorar la comida de la abuela, llegó un policía que arrestó al pobre animal. Luego buscaron a la abuela y la liberaron, y ésta se comió sus pastelitos.

Pero como la abuela de Caperucita también era tan buena decidió darle una buena parte de los pasteles a Lobo, y no quiso levantar cargos contra éste.

El lobo, viendo tal comportamiento, se arrepintió de sus malas intenciones y se quedó como perro guardián en la casa de la abuela[11]. Y todos vivieron felices para siempre.

[editar] Notas sobre los cambios realizados

  1. Ya hemos alabado sus delicias culinarias.
  2. Así deberían ser los niños de hoy; sin embargo por malas interpretaciones de los derechos de los niños y por una tendencia sospechosa de la psicología infantil, los impúberes de hoy más parecen díscolos que otra cosa.
  3. No hubo en dicho besos rencores inconscientes producto del famoso complejo de Edipo freudiano, es decir:
    • Ni la madre pensó: "Estoy besando a mi rival en el cariño de mi esposo".
    • Ni Caperucita se dijo: "Ésta es la que me disputa a mi padre".
  4. Encarnación de la maldad y las bajas pasiones.
  5. Evitamos aquí la perversa intención, descrita en el original, según la cual el lobo quería comerse a la niña, puesto que es de sobra sabido que dicha expresión tiene un profundo significado sexual. Es decir: comerse a la niña equivale a desflorar a la pequeña. En otras palabras, el lobo, en la versión original lo que quiere es mantener relaciones sexogenitales con la pequeñuela, esto es una aberración que conduce a los niños que leen dichos cuentos a pensar una de dos posibilidades:
    • La zoofilia es algo natural.
    • La pedofilia también está bien vista.
    Por eso, en esta versión políticamente correcta optamos por declarar que las intenciones del lobo son las de comerse los pastelillos que lleva Caperucita Blanca y no comérsela a ella, así evitamos preguntas incómodas de nuestros pequeños.
  6. A propósito, también evitamos decir que el lobo se comió a la abuelita, pues también es lo mismo que decir que la violó, y como advertimos en otra nota, no queremos que nuestros pequeñuelos crean que la única forma de acceder al placer sexual sea forzando a las viejecitas.
  7. Tampoco queremos decir que el lobo se vistió con la ropa de la abuela pues esto lleva a pensar en que el travestismo es algo natural.
  8. La versión original coloca a la niña como una tonta, pues confunde a un Lobo con su abuela, pero aquí subsanamos eso diciendo que la niña a fin de ganar tiempo hizo como que se confundió.
  9. Evitamos "son para agarrarte mejor", pues así no se puede pensar en algún tipo de abuso por parte del lobo.
  10. Recordemos que en esta versión políticamente correcta lo que el lobo quiere son los pastelitos.
  11. Porque evidentemente al lobo no lo mataron tal como lo plantea la versión original; sino que aquí el lobo quedó vivo y hasta se reformó de su antigua vida. Esto motivará a los niños a:
    • Respetar la flora y fauna salvaje
    • A dar siempre una segunda oportunidad para que las personas cambien.


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Artículo destacado

Este artículo ha sido destacado en la Portada por decisión popular.

Los rumores sugieren que sus autores fueron instruidos
por el mismísimo Miguel de Cervantes.

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