Incilibros/Caperucita roja

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La dulce y adorable Caperucita Roja

Esta historia empieza hace mucho tiempo, en el siglo 18 o por ahí. En una montaña de los Andes o de donde sea (cualquier montaña vale) vivía una niña con su madre. Su padre fue encarcelado por vender drogas. Bueno, lo que importa es que la niña se llamaba Caperucita Roja. ¿Por qué tenía un nombre tan gilipollas? Muy fácil: todo empezó cuando nació la niña. Nadie se ponía de acuerdo en qué nombre ponerle, así que cada miembro de la familia escribió un nombre en un papel y los pusieron todos en una cesta. El juego consistía en sacar dos papeles, y el nombre de la niña sería una combinación de los dos nombres que salieran (por ejemplo, si hubieran salido Elena y Laura, la niña se habría llamado Laura Elena). Pero no, las dos palabras que salieron fueron "Caperucita" y "Roja", así que le tuvieron que poner ese nombre (nunca se supo qué miembros de la familia fueron tan gilipollas como para escribir esas dos palabras como nombres).

Bueno, cambiando de tema, un día la madre de Caperucita Roja Martínez Sáez (ese era su nombre completo, su padre se llamaba Evaristo Martínez Zarzoso, y su madre Maria Sáez Cercos) decidió hacer unas magdalenas (no trabajaba, así que tenía tiempo libre para dedicarse a cocinar cosas). Lo normal hubiera sido que ella y su hija se comieran las magdalenas, pero por alguna razón, la madre prefería seguir muriéndose de hambre y darle las magdalenas a su madre. Como era muy vaga, y no tenía ganas de ir hasta la casa de su madre a darle las magdalenas, le pidió a su hija Caperucita que lo hiciera (desde luego era una madre rara, hace unas magdalenas que no quiere comerse, sino dárselas a su madre, y encima que es ella la que quiere dárselas, se lo pide a su hija, suponemos que la madre padecía algún tipo de enfermedad mental.) Al principio, Caperucita se negó a ir, ya que en esa época no había coches, ni trenes, ni aviones, ni novios con moto, ni nada, así que tocaba ir caminando a los sitios, y la casa de su abuela estaba a 5 kilómetros. Pero su madre le dijo que le subiría la paga (¿de dónde sacaría el dinero, si no trabajaba y su marido estaba en la cárcel? Mejor no nos lo imaginemos...), y al final Caperucita se decidió a ir a darle a su abuela unas magdalenas que podrían haber solucionado el problema de falta de comida de su madre.

El camino hasta la casa de su abuela no era nada fácil, ya que los cinco kilómetros de camino eran un bosque enorme, lleno de criaturas malvadas como lobos, inspectores de hacienda y alcaldes de Marbella. Caperucita empezó su camino, y durante un rato no pasó nada malo, hasta que apareció una de las cosas que Caperucita más temía: un lobo. Pero no era un lobo normal, este lobo iba de pie, hablaba, tenia pantalones, y fumaba puros de los caros. Al ver a Caperucita, el lobo le preguntó:

  • -¿A dónde vas tan sola, Caperucita?

A lo que Caperucita respondió:

  • -¿Cómo sabes mi nombre? ¡Pervertido!

Caperucita cogió su spray anti violadores y le dio al lobo en los ojos. El pobre lobo se quedó ciego, y Caperucita pudo seguir tranquila su viaje.

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Un terrible lobo contra una niña indefensa. Seguro que no adivinas quien gana.

Tras librarse del lobo, Caperucita siguió caminando un buen rato sin que le pasara nada, pero de pronto se topó con otra de las criaturas más temibles del bosque: un vendedor de aspiradoras. Al ver a Caperucita, el vendedor empezó su discursito.

  • -Hola, soy Alberto, y estoy aquí para enseñarle un producto que cambiará su vida: una aspiradora multifunción. Con esta aspiradora podrá aspirar todo lo que nunca pudo aspirar, y sólo por el módico precio de 20.000 pesetas (en aquella época había pesetas). Y además, si es usted de las cinco primeras en comprar, recibirá de regalo 42 bolsas de aspirador. ¡Y todavía hay más! Si paga usted 3000 pesetas más, también recibirá una estatua a tamaño real de una aspiradora, y si es usted de las cinco primeras en adquirir esta estatua, recibirá de regalo otra igual. ¡Aprovecha ahora esta oferta que no encontrarás en ningún otro sitio! (puedes pagar contra reembolso, con tu tarjeta de crédito, o con la tarjeta de compra de El Corte Inglés.)

Caperucita estaba en un apuro, su spray anti violadores no funcionaba con vendedores ambulantes (están inmunizados), así que debía encontrar otra manera de librarse de él. A Caperucita no le gustaba usar su arma secreta por el ruido que hacía, pero ahora no tenía más remedio. Sacó su metralleta cargada de balas y se cargó al vendedor en menos que canta una vaca.

Habiéndose librado de este enemigo, a Caperucita ya le faltaba menos para llegar a casa de su abuela. Pero poco antes de llegar, se encontró con el peor enemigo posible, una criatura a la que todos temen: George Bush. Bush había conseguido llegar a esa época gracias a una maquina del tiempo que le construyó Julio Verne. ¿Pero por qué viajó Bush a esa época? Porque no encontraba a Bin Laden en su época, así que pensó que quizás estaba en el pasado.

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George Bush, un terrible enemigo sediento de sangre y petroleo

George Bush (Jorgito para los amigos) era un enemigo realmente terrible, con ansias de destrucción ilimitadas. Al ver a una indefensa niña, Bush no tuvo más remedio que empezar a lanzarle bombas sin motivo alguno (Jorgito es así, ataca sin motivos). Caperucita roja había estado un tiempo entrenando en las fuerzas armadas, así que como buen soldado, estaba preparada para esquivar todo tipo de bombas. Pero Caperucita tenía que ganar rápidamente a Bush, y su metralleta no servía (Bush lleva varios chalecos anti balas, esta así de preparado porque cada día le disparan unas 3 millones de personas). Caperucita tuvo que recurrir a su arma más mortal, la única arma que servía para derrotar a Bush. Caperucita sacó un bote lleno de petróleo, y lo lanzó muy lejos. Igualito que un perro, Bush fue corriendo a coger el petróleo, tiempo que Caperucita aprovechó para huir hasta que llegó a la casa de su abuela.

Al llegar allí vio que había un coche empotrado contra una pared. ¿Qué hacía allí ese coche? Hace unos minutos, antes de que Caperucita llegara, el malvado lobo feroz llegó a la casa de su abuela, y estampó el coche contra la casa para romper la pared y poder entrar. Una vez dentro, el lobo encerró a la abuela en un armario (se la podría haber comido, pero no le gustaban las abuelas) y se vistió con ropa de abuela que había por ahí. El lobo se puso en la cama: su plan era engañar a Caperucita para que se le acercara y así podérsela comer (es que el lobo tenía miedo de acercarse a Caperucita por lo del spray, lo mejor era que Caperucita se acercara a él).

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Un tiempo despues Caperucita le perdio el Asco al lobo y tuvieron una linda hija como puedes ver.

Caperucita subió las escaleras, y en la cama vio al lobo-abuela (cualquier persona normal se hubiera dado cuenta de que era un lobo, pero Caperucita era subnormal, qué se le va a hacer.) Caperucita le dijo a su "abuela":

  • -Hola abuela, mi madre ha hecho unas magdalenas y me ha pedido que te las dé.
  • -Ah... Sí... Muchas gracias, estúpida niña. Y ahora, ¿Puedes acercarte a la cama?
  • -¡Vale! (desde luego esta niña era tonta) ¿Pero por qué tienes los ojos cerrados?
  • -Es que... Me ha caído limón en los ojos, sí... Y tengo los ojos cerrados porque si los abro me escuece un montón.
  • -¿Y por qué te has puesto ropa de irte de marcha si estás en la cama?
  • -Ya me conoces, me gusta dormirme vestida de cosas raras.
  • -¿Y por qué tienes tanto pelo en la cara?
  • -Eso... Es que llevo muchísimo tiempo sin afeitarme, ¿Sabes?
  • -¿Qué mas da, si eres una mujer?
  • -¡Ya vale de preguntas, coño!

El lobo se lanzó a por Caperucita para comérsela. Pero no pudo hacerlo, ya que Caperucita sacó a tiempo su escopeta para acabar con la vida del lobo. Después de deshacerse del cadáver, Caperucita sacó a su abuela (que estaba dormida) del armario, y le dio las magdalenas que se comieron entre las dos. Cuando acabaron de ponerse moradas de magdalenas, Caperucita pudo volver a su casa con el coche del lobo, y allí le esperaba su querida madre que no podía abrir porque estaba atendiendo a un cliente (eh, eh, que no era lo que estás pensando, es que la madre había conseguido un trabajo como vendedora de pisos, y estaba atendiendo a un cliente.)

Y así, con su nuevo trabajo, Caperucita y su madre pudieron vivir felices haciendo más magdalenas. Y al ver su talento con las armas la mafia la contrato.


Fin

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