Incilibros/Listado de castigos ejemplares para con los "tapones de caja de supermercado"

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Colorines.jpg El autor de este artículo se ha olvidado de poner fotos, o las que hay no son suficientes. Sé buena persona y ayúdanos colocando un par de ellas para la causa. Que la academia te lo premie.

El Mal sabe cómo ocultarse a plena luz del día, o en la iluminación fluorescente de los centros comerciales. Impidiendo el normal funcionamiento del flujo monetario, de la generación de riqueza y del almuerzo dominguero a horarios razonables, está él: el Tapón de Caja de Supermercado. Utilizando diferentes técnicas, que por algún motivo se consideran legales e incluso aceptables, a diario perjudica a cientos de ciudadanos que pagan sus impuestos, obligándolos a envejecer detrás de su incompetencia, perversidad y ostentación de carrito.

¡Es hora de decir BASTA! ¡La expoliación de Tiempo, el auténtico bien no renovable, no debe quedar impune! ¿Debemos resignarnos a sentir, en nuestro lecho de Muerte, que nuestra vida habría sido más plena si sólo hubiéramos pasado menos horas detrás de los Tapones que se interponen entre nosotros y la salida de estos infernales recintos de abastecimiento? Siempre a la vanguardia de los sentimientos de venganza, proponemos este humilde análisis de esta plaga, acompañado de su correspondiente CASTIGO EJEMPLAR:

[editar] CASO 1

El que agarró un producto sin código de barras o verdura sin pesar: Finge ser un anciano o un aldeano amish detenido en el tiempo, transportado a la sociedad del siglo veintiuno, incapaz de entender las leyes de nuestro complicado mundo de computadoras y siniestros identificadores digitales. Obliga al cajero a explicarle, muy lentamente, eligiendo palabras sencillas su gaffe imperdonable, y debemos aceptar, cocinándonos en nuestra propia ira, que un cómplice de este ejemplar vuelva sobre sus pasos para canjear el producto, cuando no un empleado del supermercado, que debe abandonar sus importantes tareas para convertirse momentáneamente en mayordomo exclusivo del imputado. Es irritante, malo y viste con un traje deshilachado o peluca.

EL CASTIGO: Tatuarle un código de barras en la frente que sirva de “código comodín” para todos los bienes descatalogados que intente adquirir. El precio de este código marcará el doble del valor del producto, un cuarto del cual se adjudicará al supermercado (se le descuenta un valor al negocio por poseer productos sin marcar) la otra mitad a un fondo de reparación histórica para perjudicados por Tapones.

[editar] CASO 2

El que tiene problemas indeterminados con su forma de pago: Su Tarjeta está llena o doblada, sus tickets no funcionan o no tiene nada que certifique su identidad o acaso sus billetes son sospechosos. Genera una serie de idas y vueltas con personal semijerárquico y policíaco del local, que revisa sus papeles, debate y lo interroga como si nos encontráramos en la Frontera y el imputado pretendiera pasar estupefacientes en su estómago. A veces él mismo (con disimulada satisfacción) es quien debe dirigirse a un mostrador alejado de nuestra caja, a intentar maniobras diplomáticas con un funcionario, mientras la cadena de frío de nuestros alimentos congelados es interrumpida para siempre. Es sucio, grasoso y viste un equipo de gimnasia con mocasines.

EL CASTIGO: Ante la duda, simplemente, la cárcel. Los productos de los que ha intentado malhaberse (si es que existe este verbo) serán repartidos entre los habitantes de la cola.

[editar] CASO 3

El que “se olvidó” de comprar algo y envía a un cómplice a buscarlo: Este ejemplar es el más perverso de todos. Las autoridades hacen la vista gorda ante su accionar, que quiebra todas las leyes de la compraventa: Cuando entró en la cola su lista de compras debería ser cerrada, ya que el próximo comprador elige la cola a partir de la cantidad de productos que ve en su carrito. Ni hablar de los que deciden que les falta algo cuando la cajera ya ha terminado de hacer la cuenta, y espera el regreso de su secuaz mirando a murmurando una melodía sin música y mirando a un punto indeterminado, para evitar las miradas fulminantes de los otros miembros de la cola. Esta modificación en la mitad del trámite es TRAMPA y debería ser penada por la ley. Mide un metro noventa, usa camperita beige, bigotes, anteojos de cana y va rodeado de niños ruidosos.

EL CASTIGO: Luego de pagar, el imputado perderá el turno e irá de nuevo al final de la cola, y cuando le toque deberá pagar de nuevo (el dinero del segundo pago será destinado al fondo de reparación). En cuanto a su cómplice (por lo general su pareja o primogénito), mientras busca el producto olvidado – por ejemplo, ají molido- será retenido por el supermercado para prestar servicio comunitario en él como repositor. Sólo para reforzar el castigo, además, los imputados serán inscriptos en una lista negra y no podrán volver a comprar ají molido durante seis meses.

[editar] CASO 4

El que, simplemente, compra demasiadas cosas: El imputado cree estar preparándose para una guerra (aunque difícilmente adquiriría Oreo o morcilla vasca en semejante situación) y lleva literalmente una montaña de objetos inútiles y colesterolados. No queda satisfecho hasta que no sospecha que ha generado el desabastecimiento y el pánico en la población, convirtiéndose en una especie de hiperinflación humana. Su excusa es que debe hacer la compra de los próximos seis meses de un saque porque “no tiene tiempo en la semana para ir al super”, como si no pudiera tomarse diez miserables minutos al día y allegarse al chino de la vuelta - y de paso ver menos televisión. Su carrito es repugnante y convexo. Es rubicundo, risueño y rimbombante y en verano va en bermudas negras.

EL CASTIGO: Cada vez que supere los veinte productos a adquirir –un número más que razonable de cosas –debe comprarle la misma cantidad a los restantes miembros de la cola. Una vez completado el trá,mite, sin embargo, la seguridad del local lo conducirá a un costado y lo obligará a consumirlos ahí mismo mientras le gritan cosas. Probablemente, de cualquier modo, la pase en grande.

[editar] Conclusión

Estos castigos desalentarán a los Tapones; por lo menos hasta que el supermercadismo se avenga a implementar la “caja by-pass” que permita seguir cobrando mientras estos parásitos sociales se cuecen en sus vicios, maldades y torpezas.

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