Incilibros/Oda a una Lata de Coca Cola

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Oh, lata de Coca Cola,
me gusta tanto tu soda;
tales son las ansias me das, líquido adorado,
que hasta en la porno y en mis pajas, tu me has acompañado.

Pero ahora, tirada en el suelo,
oh, lata, me das lástima y desconsuelo;
ya no beberé tu droga deseada (la cocaína),
y tendré que buscar otra mejor (la heroína).

Y, ahora, en tu pobre tapa,
un borracho ha vomitado,
un perro ha cagado,
un hombre te ha pateado,
mi hermana te ha menstruado;
pobre lata, ¡qué descaro!

Pero, por suerte, te llega la salvación;
el camión del Vertedero Municipal.
Esos negros sí te tienen consideración,
pues son también adictos hasta el final.

Te llevarán al Vertedero:
¡el Cielo de las latas!.
Allí te reunirás con tus hermanos verdaderos,
de Pepsi, Coke, Sprite y Fanta.

Luego de sexo, drogas y corrupción,
aquí he de llegar.
Esta fue la asquerosa historia
de una lata de Coca Cola.

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