Incilibros/Sherlock Holmes: Infidelidad en La Moncloa

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- Le dejo la rubia Dr. Watson – me dijo Sherlock Holmes al recibir a las prostitutas que habíamos llamado – es la más tetona.

- Pues muchas gracias Sherlock – le respondí.

- No me lo agradezca…esta morena sabe cómo hacer el sexo oral – me dijo Holmes.

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Nuevas Aventuras del Detectivo Drogadicto

Y así entonces hicimos lo nuestro, le dimos bien duro a esas prostitutas que nos habían costado 50 libras por hora cada una. Una vez que ellas se fueron Sherlock y yo nos quedamos tendidos en el sofá mirando una revista porno protagonizada por Jenna Jameson. Al cabo de un tiempo mi compañero se empezó a drogar con opio. Media hora después el estaba casi volado y justo alguien tocó la puerta.

- Señor Holmes, mi nombre es José Luís Rodríguez Zapatero, emperador de España – le dijo el hombre que apareció.

- Mucho gusto, cómo puedo ver los españoles no lo quieren por que los está dejando sin trabajo – le dijo Holmes.

- Joder, es cierto - le dijo sorprendido Zapatero - ¿pero cómo lo sabe?

- Y lógico, tiene usted toda su ropa llena de mierda de perro y su cara está como si le hubieran apedreado. La gente cómo ya no tiene plata ni para comprar zapatos o tomates para tirarle a usted, cuándo lo ven agarran lo primero que ven, mierda de perro o piedras, y le tiran a usted. Y también porque yo me estoy quedando sin trabajo, imbécil - le respondió Holmes mientras se rascaba los huevos.

- Cierto, es lógico. Pero no se quedará sin trabajo, pues yo lo contrato ahora para que se encargue de un caso. -le dijo ZP.

- Supongo que el caso tiene que ver con que su esposa le es infiel - le dijo Holmes.

- Coño!! Cómo lo sabe?

- Y con mirarle a usted tan feo, que parece que le hubiera pegado un boxeador, se entiende que su esposa no quiera follar con usted, y supongo que hace 20 años que no lo hace con usted.

- Bueno sí, el tema es que mi esposa me está engañando y hasta ahora no he podido saber quién es el que se acuesta con ella.

- Habrá sido el Espíritu Santo Sr. Zapatero – le dijo Holmes.

- ¿Cómo puede ser eso si yo no creo en Dios? – le preguntó Zapatero.

- ¿Y porque usted no crea en Dios, Él no tiene que existir? – le preguntó Holmes –Pero no creo que haya sido el Espíritu Santo, el está muy ocupado con esto de los gays y eso. Bueno, y ¿cómo quiere que sepa quien es el cuerno? Usted tiene muchos enemigos que le hayan podido follar a su esposa, Rajoy, Llamazares, populares, negros, desempleados, independentistas…españoles en general ¿Tiene algún objeto suyo?

- Sí sí, por favor, vengan a La Moncloa que les mostraré.

Entonces Sherlock, Zapatero y yo nos fuimos al Palacio de la Moncloa. Una vez allí el Presidente nos hizo esperar en el Salón. Al cabo de unos minutos vino con unas ropas y nos dijo:

- El Servicio de Inteligencia me han dicho que estas ropas pertenecían al hombre que estuvo con mi esposa.

Holmes agarró los objetos, una camisa, un bóxer, unos pantalones y un condón. Los miró y los olfateó por más de veinte minutos finalmente dirigió a Zapatero y le dijo:

- Óigame señor cornudo, creo saber quien es el que se está follando a su esposa. Su ropa huele a querosén. El querosén se utiliza para las bombas Molotov. Entonces el dueño de esto está todo el rato en manifestaciones violentas. Todo esto indica al Señor Arnaldo Otegui.

- Maldito hijo de puta, me las va a pagar. Ahora mismo cortó la tregua con ETA – dijo enojado Zapatero.

- Me parece, señor Zapatero, que esta tregua ya fue cortada hace años, y por los etarras – le dijo Holmes.

- Eh, eh….cierto ahora me acuerdo. En fin, muchas gracias señor Holmes, tome los miles de libras esterlinas que saqué del Ministerio de Hacienda para sus honorarios.

Cuándo volvimos a nuestra casa y Sherlock empezó a servirse whisky yo le pregunté:

- Holmes, hay miles de personas que participan en las manifestaciones violentas. ¿Cómo puede ser que Otegui sea el que la folló?

- Doctor, he inventado lo de Otegui – me respondió Sherlock – yo me la estuve follando a la mujer de Zapatero. Toda esa ropa era la mía. ¿Piensa que yo voy a olfatear la ropa de otro tío?

- Ah, ¿y que hará ahora Sherlock? – le pregunté.

- Elemental mi querido Watson, drogarme con opio, tocar el violín y después llamaremos a unas putas – me respondió.

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