Incinoticias:Cataluña se divorcia de España, esta la detiene a porrazos

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"Els segadors" són els policíes amb el gas pebre.
2 d'octubre del 2017Ciudad: Barcelona; España Cataluña ¡QUE ESPAÑA COÑOOO! — Informa: Artur Más

Agència Inciclopedia Express
Disturbios catalanes

"Solo queremos hablar... Hijos de puta"

Rajoy, metete la ley y el diálogo con la UE por el culo, o algo así era lo que clamaban miles de manifestantes catalanes en su raro y exótico idioma nada similar al español el día de ayer y la mañana de este día, y probablemente lo sigan gritando muchos días posteriores más. Desde el día de ayer Cataluña le ha dicho adiós a España, ha tomado sus maletas llenas de industria y recursos materiales y ha emprendido su viaje para abandonar la corona del rey Felipe, esto así decidido por el pueblo que en una enorme mayoría a decidido emprender la aventura de un propio país. Pero al parecer, a España no le gustó mucho esta idea, le entraron los celos, y no quiere dejar ir a su amada Cataluña, con macanas y granadas le ha demostrado su amor eterno.

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Los catalanes son unos rojos mugrosos gilipollas que hablan raro, dijo algún anciano cabrón de la era del generalísimo en una calle de Madrid cuando se supo todo lo acontecido en las calles de Barcelona, Tarragona, Bagdad y Lerída. España no ha recibido muy bien la noticia de que su comunidad más amada y más odiada a la vez quiera irse, ya que ni los vascos llegaron tan lejos. Pero no solo es el hecho de querer mucho a Cataluña, declara el gobierno español, ya que estos también son unos criminales, así mismo, ya que aquella votación y todo el aquelarre de cánticos y esteladas era completamente ilegal. Los catalanes no podían votar porque era ilegal, y no, no hablamos de 1940, estamos en el mismísimo mundo moderno.

Pero ¿Qué sucedió en aquella votación tan mencionada que hizo que miles de policías fueran a repartir hostias a hippies por las calles? La razón fue sencilla. El 1 de octubre, los catalanes acordaron ir a votar desde bien tempranito en una de las muchas sesiones de referéndum convocadas por la "Generalitat", aunque esta vez, no sería simplemente un fracaso rotundo y un método para quejarse de los impuestos y evitarse ver el juego del Barça de nuevo, si no que esta vez el pueblo catalán si llevaba un objetivo claro en la mente. Este objetivo se había acrecentado desde días antes desde que el líder supremo y catalán mayor Carles Puigdemont convocó a un nuevo referéndum al ver la animosidad del pueblo para largarse hasta El Quinto Pino, aunque desagradablemente, al rey no le iban a desarmar su propiedad, fuera Cataluña o la isla Perejil, por lo que mandó a ordenar a Rajoy detener como se pudiera que los catalanes se salieran con la suya, y actuar con todo el peso de la ya muy corrompida ley. Así, los catalanes tenían prohibido votar, ejercer su opinión sobre la situación, e incluso respirar, pero esto no detuvo al pueblo, con su nueva generación de jóvenes que no serían oprimidos esta vez gracias a sus iPhones nuevos y sus twits de protesta, que lograron convocar a todos los más de 2 millones de votantes posibles a salir a las calles y hacerse del voto para ejercer la democracia.

Las casillas se abrieron y todos salieron de sus casas rumbo al sueño de una nueva nación, que de un momento a otro se vio topada para muchos por la macana de algún policía o una barricada entera. Mientras iban las votaciones, la ley desde Madrid llegó a aplicarse con toda violencia y montones de policías tumbaron a montones de vagos socialistas y jovencillos punks a porrazos. El caos comenzó en toda la comunidad, muchos gritaron, muchos sangraron, y otros aprovecharon para robarse una tienda o derribar un poste telefónico. Los policías dejaron un desastre a su paso, pero los catalanes que seguían en pie salieron a las calles aún más disgustados a seguir gritando frases de protesta catalanas que nadie del gobierno español entendería literalmente. Sin embargo, el objetivo, se logró. El 90% votó por dejar el reino, e iniciar la utopía socialista, así, los catalanes gritaron victoria, y volvieron a gritar al ver que los policías se aproximaban de nuevo hacia ellos al ver que la batalla del 1-O aún no ha terminado.

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