Macarrones

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El Mudo sobre lo tanto que le gustan los macarrones.
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El Mudo Cantando en idioma macarronico

Los macarrones son armas de destrucción masiva que, gracias a una apariencia inofensiva e inocente desde cualquier plato de cocina, aguardan su oportunidad para tomar desprevenida a la humanidad y acometer una campaña de destrucción global.


[editar] Especificaciones técnicas

Macarrones.jpg

Tres reclutas realizando ejercicios de amontonamiento.

[editar] Forma, tamaño y sabor

El ejército macarrónico presenta soldados de variado aspecto y funcionalidad. En general, los conocidos como alargados o spaghetti integran las tropas rasas y son sin duda los más numerosos. Su especialidad, gracias a su mayor longitud y delgadez, es introducirse por los diversos orificios de sus víctimas (generalmente por la nariz, aunque de vez en cuándo también por la boca) y, una vez infiltrados con éxito, comenzar a destruir los órganos y objetivos internos. En caso de que el objetivo se resista ferozmente (por ejemplo, cerrando la boca), dominan también otros recursos como el estrangulamiento.

Otro tipo, algo menos común, presenta un cuerpo más reducido, y a la vez más ancho. Se trata de los macarrones gorditos, que asumen el rol de la artillería pesada. Infiltrarse no es su especialidad, así que suelen bombardear sus objetivos con potentes descargas de salsa de tomate, principalmente. En ocasiones sus recubrimientos están estriados para facilitar tanto el transporte aéreo como el camuflaje entre sus demás congéneres.

Por último, destacan sin duda los macarrones amorfos. Estos no tienen un aspecto predefinido, sino que pueden adoptar las más variadas formas, muchas veces reminiscentes a florecitas o pétalos de las mismas. Esta habilidad los dota de una apariencia inofensiva, por lo que suelen colarse con éxito entre sus víctimas y atacar directamente al cerebro.

En todo caso, la peligrosidad y efectividad de los distintos tipos de macarrones aumenta exponencialmente cuánto más combustible y munición atesoran, y que suelen ser proporcionados por su inefable aliado: la salsa de tomate (o ketchup , en algunas variantes).

[editar] Origen

Macarrones2.jpg

Ejército macarrónico en formación defensiva. Acercarse desarmado puede traer fatales consecuencias.

La ciencia todavía no ha podido precisar con exactitud el origen de este ejército de pérfidos invasores. Las teorías más fiables apuntan a que, en su origen, los macarrones no estaban todos unidos. Al contrario, una parte de ellos (probablemente los más amorfos) habrían sido creados por Cthulhu, mientras que el resto serían la respuesta del gran Monesvol para combatir al anterior. Tras la derrota de Cthulhu, Monesvol realojó a todos los macarrones en Júpiter para que se estuviesen tranquilitos, y así mientras tanto comenzar la puesta en marcha del ser humano.

En aquel entonces, los macarrones median 15 metros de diámetro y se alimentaban principalmente de naves intergalácticas. Sin embargo, sus reservas de comida comenzaron a escasear y pronto se vieron obligados a emigrar a la Tierra. Recién llegados, se sorprendieron ante el poderío humano y pasaron a esconderse en cazuelas, por lo que su tamaño se adaptó al de la cazuela media. Más tarde, con las lluvias ácidas, los macarrones pasaron a ser hongos, como los botes de ketchup. El hombre se los come día a día y paga por ellos sin saber que algun día se rebelarán y atacarán al mundo con espadas laser y lápices de colores rosa y morado. {{plantilla}}

[editar] Cómo protegerse de ellos

Actualmente, existen prototipos de escudos anti macarrones, ya a la venta en las máquinas de condones de los bares de carretera, gasolineras, casas de putas relax... etc. Los condones evitan que, al mantener relaciones sepsuales, los macarrones establecidos en el organismo de una víctima infestada puedan contagiarse de esa forma a otros humanoides. De todas formas, conviene no relajarse porque distan de ser un método infalible (y no hace ninguna gracia cuándo se rompen).

Si la población en la que vive sufre un ataque del ejército macarrónico, debe evitar, en la medida de lo posible, salir a la calle. Si no queda otra opción, es recomendable utilizar gafas anti-macarrones (comercializadas bajo el eufemismo gafas 3-D) y aplicar lociones protectoras de salsa de 30 grados como mínimo. Para extremar las precauciones, procure moverse también por debajo de toda sombrilla que encuentre por la calle, así como toldos y otras superficies protectoras. Si ve una fuente, tírese de cabeza, pues los macarrones son alérgicos al agua fresca, que les hace perder todas sus propiedades picantes.

En casos extremadamente desesperados, como verse rodeado por toda una horda macarrónica preparándose para atacar, conviene distraer su atención: póngase un disfraz, suba a sitios altos o, como último recurso, salga corriendo. Y bajo ningún concepto se le ocurra viajar a Italia. Allí será donde los macarrones y sus aliados ataquen primero y con más fuerza.

[editar] Cuando ya sea tarde

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Esta tierna escena se convertirá pronto en un cúmulo de muerte, vísceras y destrucción.

En caso de que la invasión macarrónica final no pueda ser detenida, la mejor opción es escapar a zonas que les resulten de difícil acceso. No es ningún secreto que los macarrones poseen una escasa tolerancia a las temperaturas extremas, por lo que huir a Groenlandia o Nigeria puede ser recomendable. Eso sí, no intente refugiarse en un volcán: los macarrones soportan el magma como si fuese salsa de tomate, y por otra parte usted acabará muerto igualmente.

Igualmente, si tiene un especial gusto por la pasta, morir por ingestión de macarrones asesinos no sería un destino tan horrible. A fin de cuentas, puestos a finalizar la existencia, nada mejor que cascar con gusto. De todas formas, procure que sea rápido, no vaya a ser que los macarrones le obliguen a firmar un testamento dejándolos a ellos de beneficiarios. ¡Cuidado con esto!

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