Mark Twain

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Cita3.pngQuizás quizo decir Samuel Clemens.Cita4.png
Google jugandole una mala pasada a Mark Twain.
Cita3.pngEse río está lleno de orina, yo hubiera elegido el río Illinois.Cita4.png
Ernest Hemingway comparando dos de los ríos más contaminados de EE.UU.
Cita3.pngSancho amigo, no sabes qué fermoso es que te pisotée una manada de ovejas, lo estoy disfrutando con todos mis huesos, pero si insistes tanto te permito que ocupes mi lugarCita4.png
Don Quijote aplicando las técnicas de persuasión aprendidas de Mark Twain.
Cita3.pngYa me tengo que dar trescientos azotes para desencantar a mi señora Dulcinea porque lo dijo un tío disfrazado de Merlín. Con eso tengo más que suficiente autoflagelo.Cita4.png
Sancho Panza prefiriendo los engaños a la Cervantes.

Mark Twain (Marcos Dos o Marca Dos) fue un famoso escritor y pintor a domicilio estadounidense del siglo XIX. De niño, su verdadera pasión era pintar verjas. Sin embargo, un día su amigo Samuel Langhorne Clemens le engañó haciéndose el que se divertía redactando novelas y cuentos humorísticos, que en realidad su tía le obligaba a escribir. Mark Twain cayó en la trampa y se ofreció a escribir los libros que hasta el día de hoy llevan su firma, y no la de Clemens.

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Tom asaltando a unos pescadores.

[editar] Las aventuras de Tom Sawyer

El pequeño Tom se aburre de jugar a los piratas en el río Missisipi y decide llevarse a su novia a una cueva desolada.

[editar] Las aventuras de Huckleberry Finn

Huck, envidioso de las aventuras de su amigo Tom, decide conseguirse un esclavo negro y vivir con él sus propias aventuras, en un romántico viaje por el Missisipi.

En medio del viaje son perseguidos por el antiguo novio del negro que quiere llevárselo a vivir con su amo.

El negro no quiere separarse de Huck, asi que juntos deciden escapar al norte, donde podrán vivir felices.

[editar] Príncipe y mendigo

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Posando para una revista para literófilos.

El Príncipe Eduardo VII de Inglaterra pierde el equilibrio mental después de que su padre Enrique VIII mandara decapitar a la séptima de sus madrastras. Para aliviarse se va a la BBC y ordena que le preparen un Reality Show en el que pueda intercambiar su vida con la de cualquier mendigo londinense. Sin embargo, el director del programa no puede ocupar su puesto apoyando sus posaderas en la silla del director, puesto que no se le permite sentarse en presencia del heredero al trono. Después de que el padre alcohólico del mendigo elegido le zarandea como Dios manda, a Eduardo le deja de importar quién apoya su culo dónde y en presencia de quién, por lo que el programa puede continuar.

[editar] Un yanqui en la corte del Rey Arturo

Un gringo pedante decide jactarse ante ingleses del siglo VI sobre los grandes adelantos de su país. H. G. Wells todavía no había completado la máquina del tiempo que le había encargado, así que decide viajar por un medio de transporte más tradicional: una enorme piedra golpeando su cabeza. Una vez llegado a su destino les enseña a los primitivos caballeros ingleses las maravillas de la ciencia: ¿por qué matarse con espadas cuando se pueden usar armas de fuego y vejas electrificadas? Los ingleses lo toman por brujo y deciden ahorcarle. Por suerte, como todo empleado de fábrica en el siglo XIX, el yanqui se sabe de memoria la fecha de todos los eclipses del siglo VI, que siempre le pueden sacar a uno de un aprieto. Para cuando el yanqui los amenaza con apagar el sol, el espectador de cualquiera de las versiones cinematrográficas ya apagó la tele y el lector de la versión impresa ya se comió las hojas.

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El Inspector Blunt se aseguró que Twain no escondía ningún paquidermo en su pipa.

[editar] El robo del elefante blanco

Mark Twain nos revela las más sutiles técnicas de investigación que hacen famosa a la policía de Nueva York, capaz de encontrar a un elefante robado aunque usted lo esconda en su bolsillo. El ladrón, intimidado por la reputación del Inspector Blunt, deja al elefante voluntariamente en la estación.

[editar] El diario de Adán y Eva

Adán no entiende de dónde salen esas criaturas chiquitas parecidas a él, lo cual no le impide seguir fabricando más y más de ellas con esa otra criatura apenas cubierta por una hoja de parra.

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