Tambor

De Inciclopedia

Saltar a: navegación, buscar
Colorines El autor de este artículo se ha olvidado de poner fotos, o las que hay no son suficientes. Sé buena persona y ayúdanos colocando un par de ellas para la causa. Que la academia te lo premie.


Dios1 Dios quiere que este artículo sea ampliado
Falta información sobre:
Usos y bateristas famosos


El tambor, alias "instrumento de percusión", "tarro viejo" o "ese aparato que suena el vecino dizque-practicando por las noches y no me deja dormir", es el instrumento más antiguo conocido por el hombre (además de la propia voz, y los truenos, ambos muy poco confiables en la época de las cavernas). Evolucionando desde un tronco hueco encontrado en algún momento de la prehistoria, pasando por versiones más estilizadas y altisonantes, hasta el día de hoy donde el honroso título de baterista permite a quien lo posea entrar, con suerte, en algunas de las bandas de rock más famosas del mundo (o del barrio, pero algo es algo).

[editar] Inicios del tambor. Surgimiento en la prehistoria e impacto en la sociedad

Las teorías indican que el primer tambor de la historia surgió cuando un cazador de la Edad de Piedra se dispuso a dejar el cuero extraído de una de sus recientes cacerías, encima de un tronco hueco en algún rincón de la sabana de Mesopotamia (o África, que viene a ser lo mismo para fines de la historia). El cuero era de fina calidad, pero para disfortunio de nuestro cazador, empezó a llover torrencialmente, y un rayo cayó encima del tronco, haciendo que el cuero se derritiera y este quedara pegado al tronco, dejando a ambos inservibles.

O no.

Cuando el cazador de nuestra historia intentó despegar el cuero como mejor podía, llegando incluso a los golpes, notó que al dar manotazos sobre el cuero, sonaba un tono corto, percusivo, y sobre todo, pegajoso. En menos de lo que tardaba un tigre dientes de sable en devorar a una indefensa cría humana, el núcleo multifamiliar de cazadores-recolectores al que pertenecía nuestro cazador se reunió al unísono a su alrededor. El cazador, ni lerdo ni perezoso, proclamó que ese era un regalo de los dioses, con él como supremo sacerdote y dueño de lo que dio en llamar "tam-tam" (sí, sabemos que en esa época los nombres no eran muy originales, pero bueh...)

Esto dio pie a que empezaran a crearse tambores a partir de cuero, troncos huecos, y a falta de rayería durante los siguientes miles de años a causa de la Era de Hielo, se usaron hilos que se sacaban de quién sabe dónde. Tras su fabricación artesanal en serie, se hicieron populares los rituales religiosos acompañados con este instrumento, porque como sabían los humanos primitivos desde ese entonces, adorar a la divinidad de los mamuts sin un buen coro era algo más bien aburrido.

Posteriormente se agregaron diversos usos al tambor, ordenados por los jefes religiosos de la época: uno, como instrumento de guerra, para atraer a los idiotas que movieran el esqueleto al son de su ritmo y usarlos como carne de cañón[1] ; otro, como sistema de comunicación a largas distancias, el cual no fue precisamente exitoso debido a la interferencia causada por la absoluta inutilidad de los encargados de mandar los mensajes.

[editar] El tambor en la época antigua (pero no tanto)

Tras un tiempo sin registros escritos sobre el tambor (por diversas razones), se vuelve a descubrir su existencia en la Antigua Grecia, con el nombre de "tímpano" (sí, igual que ese órgano del oído que resulta dañado al exponerse al tambor durante periodos prolongados de tiempo), pero como mencionamos, nadie se acordaba ya quién rayos era su inventor original, así que hicieron las del estudiante de liceo y se dejaron el invento. Como para ese entonces las manos de los griegos estaban cansadas de tanto trabajo manual, inventaron las baquetas para tocarlas con menos fricción. Bueno, en realidad las primeras baquetas eran pedazos de palo que encontraron en los alrededores de las polis, pero igual funcionaban. Sobra decir que los que tocaban con baquetas eran considerados unos afeminados, lo cual en ese entonces era, de hecho, algo bueno, dadas sus curiosas costumbres.

Eventualmente, tras una serie de viajes que no narraremos aquí, el tambor llegó a las lejanas tierras chinas, donde fue modificado para tener mayor tamaño, con lo que el factor de irritabilidad que causaba durante la guerra y demás celebraciones familiares era uno de los mayores jamás registrados en los anales de la historia (y posiblemente en los orales también) [2] , hasta ser reemplazado muy recientemente con el ruido de la vuvuzela.

[editar] La historia más reciente del tambor

Ya que el tambor hubo viajado alrededor del mundo, su popularidad estaba por las nubes. Daba la casualidad que, en la época del Siglo XX, se puso de moda otro instrumento más: la guitarra eléctrica. Con sus melodiosos acordes se puso a conquistar un pueblo tras otro, desde América del Norte hasta Europa Occidental. Para no quedar atrás, el tambor hizo un pacto de solidaridad, del cual nació el estridente ritmo del rock and roll. La inconfundible combinación de acordes de guitarra y actos de violencia contra los tambores fue amada por los jóvenes y odiada por los ancianos (ya que en ese momento se carecía de audífonos para la sordera), y eventualmente degeneraría en ritmos progresivos, o más bien, progresivamente más insoportables, como el metalcore, el glam metal, y el pedazo de metal que algún idiota se metió en el ojo.

Hoy día, el tambor es uno de los instrumentos infaltables en cualquier banda de garaje que se respete, y debido a su facilidad de uso[3], es principalmente tocada por el primer idiota que se meta en el susodicho grupo.

[editar] Referencias

  1. Sí, sabemos que no existían los cañones en la prehistoria, pero Donkey Kong y su familia nos hacen pensar lo contrario
  2. . Se sabe que el sistema de escritura chino tuvo que ser inventado para que se pudieran comunicar los ensordecidos y atontados escribas de la corte, lo que de paso explica la rareza de los caracteres de dicho idioma
  3. Que es fácil usarlo pues lo es; ya que lo toquen bien es totalmente otra cosa
Herramientas personales