Villa Von Richtoffen

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BanderaArgentina1.jpg Che locura, este artículo tiene humor re-argento. Si no entendés un carajo, no hinches las bolas y rajá de acá.
Villa Von Richtoffen
Argentina
[[Image:{{{ImagenEscudo}}} |200px|center|Escudo de Villa Von Richtoffen]]
Lema "Un lugar donde el descanso es Superior"

Establecida En el año 1945

Tipo de Gobierno Nacionalsocialista

Alcalde Adolfo Jitler

Situación Complicada

Población 100 arios, "5000 concentrados"

Gentilicio Nazis Vonrichtoffense

Himno Alguna ópera de Richard Wagner
Cita3.pngLindo lugar, voy a hacer una visita.Cita4.png
Jorge Rafael Videla sobre Villa Von Richtoffen
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George Bush sobre Villa Von Richtoffen
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Álvaro Uribe sobre Villa Von Richtoffen

Viajar a la mágica aldea de Villa Von Richtoffen, enclavada en el corazón de las sierras centro-sudesteñas de Argentina, es como viajar a un cuento de hadas, un cuento de hadas escrito por un maniático de las tejas negras y los enanitos y ese tipo de cosas.

Caminando por sus callecitas enclavadas en un valle verde esmeralda, desde donde pueden verse los picos nevados orientados de un lado al espejado lago Kraftwerk, del otro lado el Embalse de Pico del Águila y del otro (tiene tres lados) al Océano Atlántico, entre chalets de techo a dos aguas y macetas colgantes atiborradas de violetas de Los Alpes, uno espera salir de entre cualquiera de sus "casitas de chocolate" a Heidi, o a Hansel y Gretel, o al Gran Otto o al ex Capitán Eric Priebke caracterizado con una barba postiza, más aún luego de visitar uno de sus máximos atractivos, el gigantesco Patio cervecero de la Plaza del Despertar Nacional, donde –según el lema de la Villa- "todo el año es Oktoberfest".

"Tratamos de cuidar al máximo el estilo arquitectónico y cultural del pueblo", nos cuenta –luego de preguntarme tres veces de qué origen era mi apellido- Lotte Schocklenderhelenlotter, la adusta Secretaria de Turismo de la Villa, que hace honor a sus tradiciones ya desde sus trenzas rubias hasta las rodillas y su vestimenta típica centroeuropea, que combina un jardinerito bávaro con un uniforme inspirado en el vestuario de la película "Ilsa, la Loba de las SS". "Las leyes urbanísticas del Valle no permiten que se construyan edificios de más de un piso, y los materiales tienen que ser nobles: madera de pino, piedra de gruta de montaña, piel de carnero, o en todo caso barras de chocolate amargo plastificadas, para que no se derritan. También está legislado el tipo de comercio que se puede instalar, que va desde la venta de duendes de Poxilina© a chopps de cerámica y tablas para cortar carne con forma de churrasco, pasando por 'casitas barométricas', para que a nadie se le ocurra, por ejemplo, poner una farmacia."

Campo concentracion.jpg

Una hermosa postal de Villa Von Richtoffen, lugar de relax y esparcimiento

Mi pregunta es, entonces, qué hacen cuando tienen que comprar remedios. "¿Cómo era que se escribía tu apellido?", me pregunta, amenazadoramente, para –luego de repetirse en voz baja y medio rapidito "Hay que hacer prensa, hay que hacer prensa, hay que hacer prensa"- explicar que intentan que el turismo de la Villa esté compuesto por gente sana y con genes bien constituidos.

Y habla en serio, como testimonia Germán desde el otro lado del alambre de Púas del Campo de Reeducación de Villa Von Richtoffen (Visitas los Martes a Domingos de 11 a 20, $15, menores gratis. Los lunes cierran para darle con todo a la reeducación). "Cometí el error de poner una práctica columna de hormigón en la galería de mi local de duendes de Poxilina© en lugar de un retorcido tronco de arrayán barnizado; estoy acá hace tres años por violar el código urbanístico, pero por suerte ya me reeducan sólo tres veces al día. Peor le fue a un mendocino que quiso poner un neón en lugar de un cartel tallado sobre una tabla de picar carne en forma de churrasco." ¿Qué le pasó? El labio de Germán tiembla y se niega a hablar, aunque atina a justificar: "Lo que pasa es que al tipo se le ocurrió vender alfajores, y su negocio estaba habilitado para vender casitas barométricas".

"¿Pero tu apellido se escribe con Y griega o con I latina?", vuelve a preguntarme Lotte, mientras recorremos juntos la calle principal del pueblo que parece desbordar de casitas barométricas, tablas de picar carne, chopps con toda clase de inscripciones y recuerdos de la Segunda Guerra Mundial y muchos duendes y gnomos y elfos, goblins, lepricanos, pixies, gremlins y hasta tommyknockers de Poxilina© auténtica, y en las posiciones más graciosas y obscenas (me llama mucho la atención un simpático duende, sentado en una rama, con un cartelito que dice "No me mezclo con Lepricanos de sangre degenerada"). "Con ninguna de las dos, mi apellido es Suárez", le explico. "Con zeta", agrego por si acaso. Contándole mi entrevista con Germán, Lotte me replica: "De cualquier modo, estamos abriendo un poco el panorama comercial, y permitimos, como experiencia piloto, monitoreada diariamente, que un señor de ascendencia centroeuropea ponga un negocio de chocolate suizo. Algunos de los miembros de la Secretaría (A Lotte se le escapa aquí un rictus amargo) piensan que un negocio de este tipo puede aportar algo positivo". ¿Un negocio de qué tipo? "De esos que venden cosas comestibles", me aclara.

El rostro de la Secretaria se transfigura al ver, oculta tras una selva de "casitas barométricas" en la vidriera de "La casa de las 1.000 Casitas barométricas", un coqueto local esférico (imitando la arquitectura hobbit) ubicado en Wagner al 200, una remera que dice "Yo estuve en Villa Von Richtoffen". Luego de mostrármela indignada ("Tiene lindos colores", atino a decirle sin saber bien qué espera de mí), se materializan dos miembros del Personal de Seguridad de la Secretaría, acompañados por sendos rottweilers, y se introducen en el local, destruyendo todo a su paso; la dueña es sacada a las rastras y con un cartel que dice "Violadora del Código urbanístico y/o Comercial", que grita "¡Alguien puso eso ahí! Soy Inocente, Sra. Secretaria!". La remera va a parar a una enorme hoguera, junto con otros productos confiscados, como salames de campo, escabeches, gorras y trajes de baño de la media docena de negocios que la Sra. Schocklenderhelenlotter fue clausurando en nuestra breve excursión. "Es una de nuestras costumbres más tradicionales; la celebramos desde hace tres años, fecha en la que entré en mis actuales funciones", me comenta Lotte mientras un grupo de aldeanos canta una canción en bávaro.

Pero participar en las hogueras depuradoras, embriagarse con la excelente cerveza negra de la zona y visitar los Campos de Reeducación son sólo algunas de las actividades que pueden desarrollarse en la Villa: también se puede participar en los cursillos educativos que ofrece la secretaría, como el Curso de Detección y Denuncia de Violadores del Código Urbanístico; o, allí mismo puede uno pedir que se le realice un árbol genealógico –que Lotte supervisa personalmente, y luego incluye en el archivo personal de cada turista que llega a la villa- o participar en los innumerables Desfiles de la Victoria que el Cuerpo de Seguridad de la Secretaría (compuesto por unos 60.000 efectivos) realiza dos o tres veces por semana, coronados por un discurso a voz en cuello de la Secretaria, donde se dan a conocer los logros y las propuestas para el Progreso del Pueblo.

Precisamente, entusiasmado con una de sus últimas propuestas, dejo de escribir ahora, ya que se me ha ofrecido formar parte –con el grado de Encargado de Prensa Primero, con unos 150 turistas a mi cargo- de una excursión que tiene por objeto anexar al municipio de la Villa al vecino pueblo de Santa Marta del Monte, que, según Lotte "era nuestro antes de la injusta división de Municipios que se hizo en el año 87".

Villa Von Richtoffen, un lugar donde el descanso es Superior.

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